Blackmailing: El juego de la extorsión

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Aviso: El objetivo de este artículo es explicar el término «blackmailing» en el contexto del BDSM, ya que aparece una y otra vez en este ámbito. No pretende ser ni una invitación ni una guía para practicar el blackmailing.

¿Qué es el blackmailing?

Blackmailing es la palabra inglesa para «extorsión». En el BDSM describe un juego de rol entre un o una Top como extorsionador/a y un o una Bottom como víctima, a quien se le extorsiona para conseguir dinero, acciones u objetos. Esto puede ocurrir por chat, correo electrónico, teléfono o en la vida real. La víctima comparte de forma voluntaria información privada y/o embarazosa con la persona extorsionadora. Su publicación, uso o exposición pública es lo que utiliza el o la Top como medio de presión.

Para la víctima, el atractivo reside en la sensación de estar a merced del otro, en el miedo y también en la presión de tener que satisfacer al o a la Top. Como el atractivo va siempre ligado a la obligación de actuar, se trata también de un acto de «forced submission».

A menudo el blackmailing se da en una relación profesional entre trabajador/a sexual y clientes. En esta relación se negocia de antemano una especie de contrato que establece el alcance y la intensidad del juego. Como se trata de una relación de prestación de servicios, este contrato es vinculante. Si no se cumplen las condiciones mencionadas en el contrato, se amenaza con publicar la información secreta y desacreditar así a la víctima.

¿Cómo puede plantearse el blackmailing en el BDSM?

En la mayoría de los casos, el blackmailing incluye la amenaza de publicar algo o compartirlo con terceros. Puede tratarse de material privado, embarazoso o comprometedor, por ejemplo en forma de mensajes de texto, fotos o vídeos. Al publicar este tipo de cosas se aumenta la presión y el factor de estrés de la persona extorsionada. De esta forma, el o la Top obliga al o a la Bottom a comprar su libertad o a posponer la publicación mediante determinadas acciones. A veces también hay que crear más material comprometedor.

Otra posibilidad es la obligación de firmar un contrato de blackmail o un pagaré. Este obliga a realizar pagos o regalos periódicos. Como se trata de una especie de pagaré, en principio es un documento contractual vinculante. Pero la cosa no es tan sencilla.

Por este motivo, es importante que los acuerdos y las acciones queden recogidos por escrito de forma detallada. A menudo la sesión se lleva a cabo por un canal distinto, como por ejemplo el chat o los SMS, al de las negociaciones, para las que se suele usar más bien el correo electrónico. La correspondencia entre extorsionador/a y víctima podría ser así: «Págame o publico material privado contra tu voluntad». Pero eso confirma el delito de coacción. A primera vista, con este tipo de mensajes uno estaría cometiendo un delito. Así, según cómo esté redactado, el contrato no es vinculante, sino contrario a las buenas costumbres. Y además: los regalos y pagos periódicos deben declararse fiscalmente.

Otra variante del blackmailing es la amenaza de revelar los datos bancarios. Aquí el atractivo reside, entre otras cosas, en que el o la Top puede retirar todo el patrimonio de esa cuenta si no se realizan las entregas voluntarias. A veces también se crea una cuenta propia para el o la extorsionador/a, a la que hay que transferir dinero de forma periódica.

Otro método más es el screensharing (compartir pantalla). En este caso, la persona extorsionadora transmite en directo su pantalla mientras compra online gastando el dinero de la persona extorsionada.

En persona, el o la extorsionador/a se apropia por ejemplo de la tarjeta bancaria o de la cartera y gasta el dinero mientras Bottom lo observa por teléfono, chat o incluso en directo. Puede que incluso tenga que cargar después con las compras, para dar también un énfasis físico a la situación.

BDSM, blackmailing y sistemas de seguridad

Como siempre, en todos estos métodos los límites son imprescindibles. El sistema del semáforo ofrece también aquí un buen apoyo:

  • La zona verde es el dinero disponible, es decir, la cantidad que siempre debería haber en la cuenta para que Bottom pueda cubrir todos los gastos corrientes y necesidades.

  • La zona amarilla está algo por encima de la zona de confort. Aquí la persona extorsionada tendría que renunciar, por ejemplo, a artículos de lujo para poder cubrir bien los gastos corrientes.

  • La zona roja es dinero intocable, imprescindible para vivir. Llevar al o a la Bottom a la ruina financiera es un escenario con el que, como mucho, se puede jugar en la fantasía.

¿En qué debo fijarme?

En principio, nunca debería tratarse de una extorsión real. Porque si se publican imágenes o datos privados, se puede causar un daño permanente. Para conseguir el efecto deseado, a menudo basta con la simulación o la incertidumbre. Porque la sensación de indefensión y de presión surge ya con el intercambio de la información sensible.

En segundo lugar, como Dom:me también te colocas en una situación vulnerable que resulta jurídicamente delicada. Porque el blackmailing es una zona gris legal. La extorsión y la coacción son delitos. Por eso, este juego depende, como se ha descrito arriba, de un intercambio intenso y por escrito.