Fetichista – Es el amor por el detalle

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¿Qué significa ser fetichista?

Un/a fetichista es una persona que tiene uno o varios fetiches. El fetiche es una forma de sexualidad en la que un objeto, normalmente inanimado, provoca excitación y satisfacción. Esto puede referirse a un único objeto, a varios objetos, a distintos materiales, a comportamientos específicos o incluso a partes del cuerpo. Por ejemplo, los pañales, el látex o los pies sirven de fetiche para algunos/as fetichistas.

Sin embargo, un fetiche personal es muy individual, tanto en su intensidad como en su forma. A veces el objeto del deseo tiene que llevarlo uno/a mismo/a, otras veces tiene que estar en otra persona. O bien al fetichista le gusta hacer algo con una parte del cuerpo, o le gusta que se haga algo con esa parte del cuerpo. Se trata, por tanto, principalmente de un objeto o un material, y menos de una persona con la que compartir y de su rol.

Origen y significado de la palabra fetiche

Fetiche proviene del término latino «facticius», que en español significa algo así como «artificial». En francés existe la palabra «fétiche», que se puede traducir como «(objeto de) hechizo». Esta traducción encaja a la perfección. Porque en los/las fetichistas resulta fascinante observar cómo se construye la excitación sexual a través de un estímulo visual o del tacto de un objeto.

Además, tanto en el ámbito terapéutico como en el coloquial existen distintos usos del término. En parte difieren mucho entre sí. Coloquialmente, el término fetiche se usa a menudo cuando en realidad se quiere decir kink. La diferencia relevante, si uno quiere usar el lenguaje correcto, es que un kink es una preferencia. Es decir, a uno le gusta cuando algo entra en juego. En un fetiche marcado, en cambio, el objeto de placer es absolutamente necesario para siquiera estar excitado/a.

En el marco del diagnóstico sexomédico o del psicoanálisis, el fetichismo sexual se considera, con reservas, susceptible de tratamiento. En concreto, cuando el fetiche sirve como sustituto completo de la sexualidad en pareja. Para ser clasificado como enfermedad, debe existir un sufrimiento correspondiente en la persona. En ese caso, los/las médicos/as hablan de un «trastorno de la personalidad y del comportamiento de la preferencia sexual» (CIE F65.0). La creciente aceptación social de las desviaciones de la norma sexual hace que las personas afectadas rara vez requieran tratamiento. Por eso, en muy pocos casos es necesaria la ayuda terapéutica.

¿Por qué surge un fetiche?

Sobre las causas de los fetiches existen distintas teorías. En el fetichismo de pies, por ejemplo, hay una tesis según la cual en el cerebro se produce una especie de interferencia entre áreas contiguas. Si el fetichismo sexual es una preferencia equiparable a otras aficiones, o si es un trastorno del comportamiento sexual que en principio requiere tratamiento, es algo que se discute una y otra vez. Hasta ahora ninguna de las suposiciones está demostrada.

Pero la cosa se vuelve interesante con los relatos personales de fetichistas. La perspectiva de Frau Tagtraum, confesa fetichista del látex, la encontráis aquí. Una entrevista con fetichistas del pañal, aquí.

¿Cómo sé si soy fetichista?

Es el amor por el detalle lo que te vuelve loco/a. Por ejemplo, tienes debilidad por las personas autoritarias. Lo que te pone es la aureola de poder. Pero un detalle puede intensificarlo todavía más: un uniforme. Aunque quizá sea un material como el nylon lo que te lleva al éxtasis. Entonces basta una mirada a las piernas enfundadas en medias de tu pareja para encender el deseo sexual. Entre los materiales, además del látex y el nylon, también aparecen prendas de lo más corrientes, como los vaqueros. El coloquialmente llamado «fetichista de reacciones» necesita la excitación de la otra persona para entrar en ambiente. Sin el objeto de tu afecto estás menos excitado/a que con él. ¿Has pensado «¡Sí!» varias veces? Entonces seguramente eres fetichista.

¿Quién encaja con esto?

A diferencia de las preferencias BDSM, un fetiche no está ligado a un desequilibrio de poder. Por eso, quienes mejor encajan son las personas con la misma pasión: fetichistas del pañal que juegan juntos/as, fetichistas del látex que se admiran juntos/as en ese material brillante, fetichistas de los pies que cuidan juntos/as sus pies o los de la otra persona, y así sucesivamente. Independientemente de si lo hacen como personas sumisas o dominantes.

En algunos fetiches, sin embargo, la afición no tiene por qué estar tan marcada en la otra persona para dar placer al/la fetichista: a un fetichista de los tacones altos, varón y de tendencia heterosexual, por ejemplo, simplemente le pone que su pareja lleve tacones. Si a esta, a su vez, le encanta precisamente esa reacción, sin tener ella misma ese fetiche, es una combinación maravillosa.

Pero también los/las aficionados/as al juego de roles tienen buenas posibilidades de satisfacer fetiches de distintos tipos. A menudo, durante el juego se pueden incorporar determinados objetos o materiales. Los/las kinksters son curiosos/as y variados/as.

¿Qué debo tener en cuenta como fetichista?

Sea cual sea el objeto del fetiche: la comunicación abierta sobre la inclinación es lo más importante, en lugar de confrontar a una persona con tu fetiche sin previo aviso. Así, tu compañero/a de juego puede, dentro del marco del consentimiento, venir al encuentro del fetiche, aunque sea únicamente a través de la elección del outfit. En el otro lado, por su parte, es muy importante cierta apertura de mente, así como no juzgar al/la fetichista cuando se abre.