8 puntos para tu seguridad en las citas

Autor:

|

Una palabra que suena a mamá, a sermones, a reglas rígidas. Algo que percibimos de forma automática o descuidada. Sin embargo, justo cuando dos o más personas se abren la una a la otra y encima entran en juego el kink y el BDSM, el tema de la seguridad personal debería tratarse con todo menos negligencia.

El artículo para escuchar:

Aquí tienes ocho puntos para tu seguridad en las citas que conviene tener en cuenta ya antes del primer encuentro.

1. Déjate cubrir

Esto significa que una tercera persona sepa exactamente qué haces, dónde estás, con quién y cuánto tiempo previsiblemente. Esto puede tener formas muy distintas, pero en cualquier caso debería incluir que te pongas en contacto con tu ángel de la guarda a horas regulares y le avises de que estás bien. 

También puedes compartir tu ubicación, ponerte una alarma o acordar una o varias horas fijas para llamar. Si no cumples con los horarios acordados, la persona que te cubre llama al bar,  avisa a la policía o va a buscarte ella misma.

Menciona sin problema al principio de tu cita que, por cierto, te estás dejando cubrir. Eso le demuestra a tu acompañante que tu seguridad te importa y ahuyenta a quien quizá sí tenga malas intenciones. 

2. El BDSM es una sexualidad – no automáticamente sexo

A veces la química no cuadra. Y a veces uno se ve tentado a lanzarse a las cosas de todos modos, porque la próxima oportunidad no llegará tan pronto o porque no se quiere ser maleducado. Lo más importante es no presionarse nunca a uno mismo.

Sí, os habéis conocido porque a los dos os va el BDSM. Pero eso no significa que tengas que hacer automáticamente nada de eso con la persona. Solo porque hayáis hablado antes de ello no estáis obligados a nada. Y solo porque quizá os guste lo mismo, no tenéis por qué hacerlo juntos. Incluso si de verdad quieres vivir una práctica o un kink con tu cita, eso no significa que tenga que haber sexo de por medio.

3. No reveles demasiado de ti

Tus datos son un bien delicado que conviene compartir con cuidado. Por eso muchas personas se buscan un seudónimo propio para los encuentros de la escena. Pero ten cuidado también con otros temas y con cuánto revelas de ti. Intenta crear una impresión auténtica sin hacerte localizable. Por suerte, hay muchas cosas que se pueden anonimizar.

Si por ejemplo habláis en el chat de que te gusta salir a correr, mejor no reveles en qué parque das tus vueltas. Si estudias, no hace falta que indiques si es en una escuela superior, en la universidad o a distancia. Quienes trabajan pueden estar empleados en muchísimas empresas distintas. 

Por supuesto, ciertas cosas no se pueden „ocultar“ sin que se corte el flujo de la conversación. Y menos aún en tiempos de redes sociales. Por eso di desde el principio: „No nos conocemos e internet es un lugar inseguro. Seguro que entiendes que me guarde un poco las cosas“. Si tu interlocutor responde a eso con „Eh, puedes confiar en mí, no soy un acosador siniestro de internet“, mejor termina amablemente la conversación en ese punto.

4. Hablad antes

Antes del primer encuentro deberíais haber hablado al menos una vez por teléfono o al menos haberos enviado unos cuantos mensajes de voz. Porque, aunque los mensajes de chat suelen parecer espontáneos y sinceros, a menudo uno se toma un momento o dos para leerlos una segunda, tercera o cuarta vez, cambiar pequeñas formulaciones, borrar palabras, añadir amabilidades y demás.

De vez en cuando incluso se busca un tema en Google para poder escribir una respuesta que suene mejor. Pero en una conversación natural puedes percibir el flujo del habla y la manera en que tu interlocutor formula frases, desarrolla ideas y reacciona ante ti, tus palabras y tus pensamientos. ¿Qué tiene esto que ver con la seguridad? De esta manera puedes comprobar de paso si esa persona es realmente quien dice ser y estar atento/a a las llamadas red flags. Son comportamientos y afirmaciones que permiten deducir una forma posiblemente problemática de vivir el BDSM.

5. Establece tus límites

Establece de antemano qué esperas de la velada. ¿Quieres hablar de un tema concreto? ¿Establecer contacto físico o estar de vuelta en casa como muy tarde a las 22 h? Piensa igualmente qué sería un no-go para ti esa noche o con qué te sentirías incómodo/a. Eso puede ser también un tema concreto o un contacto físico determinado.

Establece estos límites para ti y no tengas reparo en comunicarlos. Por supuesto, puedes moverlos a lo largo de un encuentro que vaya bien. Pero como guía pueden ser un buen punto de partida para dar a tu cita una dirección concreta.

6. Pregunta tú por el consenso

El consenso no empieza en el juego, sino ya antes. No podemos repetirlo lo suficiente y lo repetiremos tantas veces hasta que lo oiga incluso la última fila. Predicar con el ejemplo sensibiliza a tu interlocutor hacia este comportamiento. „¿Puedo cogerte la mano?“, „Me gustaría hablar de este tema, ¿te parece bien?“, „¿Puedo besarte?“

Sí, pedir consenso es sexy. Puede parecer poca cosa, pero pedir conscientemente el consentimiento a tu interlocutor pone en marcha un proceso mental acorde.

7. Usa tu safeword

Comunica que tienes un safeword e insiste en ello. No solo puedes usarlo en el juego, sino también en una conversación o en otra situación. Por ejemplo, si tratáis un tema del que no quieres hablar o si alguien te toca sin que te apetezca. Puede ser así de sencillo: si no te sientes a gusto y quieres que algo pare, di tu safeword.

8. Habla con un catcher

Sin problema, acuerda tras la cita una llamada telefónica con una persona de confianza para poder procesar el encuentro y describir tus primeras impresiones. Así puedes reflexionar sobre tu estado de ánimo, la cita y la seguridad que sentiste, podéis analizar juntos situaciones o conversaciones concretas y, si hace falta, también cotillear. Sea como sea, es importante tener a alguien que te apoye si necesitas desahogarte.