El BDSM no es lo contrario del amor

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Normalmente en Deviance escribimos de forma explicativa, divulgativa y a veces incluso entretenida. Hoy, sin embargo, necesito algo distinto: una pequeña terapia de escritura. Para quienes no me conozcáis: soy Marina y fundé Deviance hace algunos años.

Explicar es algo que nos importa mucho, porque acompañar de la mano sobre todo a quienes empiezan es esencial. También los veteranos entre vosotros que leéis esto empezasteis alguna vez y sabéis cuántas cosas pueden salir mal en el proceso.

Y entonces sales de la burbuja

Y luego está la divulgación. Hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro significa: llegar a personas que ya de por sí se interesan por el BDSM. Que además quieren informarse. Que tienen preguntas. Que quieren seguir aprendiendo.

Hacia fuera, en cambio, es bastante más difícil. Porque aquí no siempre existe un interés de base. Y tampoco tiene por qué. Pero cuando te encuentras con rechazo o juicios, sí que veo la necesidad de divulgar. No solo para explicarme a mí misma, sino también por vosotros.

El problema: antes de poder siquiera empezar, primero tienes que averiguar dónde deberías divulgar. Porque, como volví a darme cuenta ayer, las ideas que tiene la gente sobre el BDSM, entre quienes según sus propias palabras «nunca han tenido nada que ver con ello», son extremadamente diversas.

Bienvenida a la fantasía de los demás

Escribo a propósito «según sus propias palabras», porque en realidad todo el mundo ha entrado en contacto con el BDSM de alguna manera, ya sea a través de películas, libros, música, pornos o conversaciones. Si no, no se podría afirmar que «no se tiene nada que ver con ello», sino que se estaría completamente en blanco. Aunque a menudo me preguntan qué significan las letras, casi todos tienen alguna idea en la cabeza.

Por eso, últimamente siempre pregunto primero qué se imagina la persona bajo el término BDSM y la dejo responder libremente. Ese se convierte en mi punto de partida. Desde el directivo con máscara de cerdo en casa de la Domina y Cincuenta sombras de Grey, pasando por «eso de atar con cuerdas», hasta las esposas de peluche y el sexo en grupo, ha salido de todo hasta ahora.

Peluche, porno, proyección

Por desgracia, el BDSM se mete a menudo en el mismo saco que el mundo swinger, algo que merecería un texto propio. Pero me he propuesto no divagar demasiado hoy.

«¿No es agotador dedicarte profesionalmente todo el rato a los abismos humanos?» Así fue la pregunta que ayer me hizo una persona que se dedica profesionalmente al llamado trabajo de sombra, es decir, acompaña a la gente a enfrentarse a sus lados más oscuros y a sus miedos. En el sentido espiritual. Se crea o no en esos conceptos, me parece importante mencionarlo, porque aquí resuena la idea de que el BDSM es algo demoníaco que hay que curar. 

Lo hago voluntariamente, te lo prometo

No, yo amo mi trabajo. Amo animar a la gente a aceptar sus fantasías y a desarrollarse. Porque así es como veo lo que hago.

Lo que sí agota son preguntas como esa. Y la sensación de tener que nadar constantemente contra prejuicios e ideas equivocadas y de que te metan en un cajón. Precisamente por eso escribo hoy. En modo personal. Pensativo. Y con la necesidad de poner un par de cosas en su sitio.

Casi todo el mundo tiene de alguna forma claro que el BDSM se basa en la voluntariedad. «¿Por qué se hace algo así?» Aun así, reina el prejuicio de que se trata solo de sexo y, a ser posible, lo más duro posible. 

La gente queda, se azota o folla duro y ya está. Sin sentido. Y, sobre todo, muy lejos de lo que comúnmente se entiende por amor. 

¿Y dónde queda ahí el amor? Pues justo ahí.

Cuánta confianza, consenso, comunicación y consciencia forman parte de esto, y que muchas prácticas BDSM tienen lugar en el marco de relaciones a largo plazo y que los rollos de una noche son incluso muy poco habituales, no solo es desconocido para la mayoría, sino que les resulta tan inimaginable como que estén marcadas por profundidad emocional, intimidad y respeto.

«Ahora vamos a sacar un curso de tantra, o sea, justo lo contrario de lo que hacéis vosotros.» Esta frase me la soltó hace poco un fundador amigo. Y sí, me molestó.

Porque el neotantra y el BDSM se parecen sorprendentemente en muchas cosas y no son dos polos opuestos. Ambos requieren atención plena, presencia, contacto consciente, comunicación clara y una comprensión profunda de los límites y las necesidades en mutuo acuerdo. Ambos pueden ser espirituales, transformadores y sanadores. Siempre que se vivan de forma consciente y consensuada. Porque que precisamente en el ámbito del neotantra se produzcan una y otra vez abusos no es ningún secreto. Escribo a propósito «neotantra», porque el tantra, en su sentido original, es una filosofía de vida y no las prácticas sexuales que con ese nombre se han dado a conocer y comercializado en el mundo occidental.

Pero bueno, estos dos puntos también son harina de otro costal. Y, como ya he mencionado, hoy no quería divagar demasiado. Quizá me guarde estos temas para la próxima terapia de escritura. 

Ni llamamiento, ni moraleja

Encuentros así me dejan claro una y otra vez: tenemos que hablar. Todavía queda mucho por decir, por explicar, por corregir. No solo dentro de la escena, sino sobre todo más allá de ella.

Al final de este texto quería en realidad lanzar un llamamiento colectivo, decir que está en manos de todos nosotros divulgar juntos. Pero todo lo que se me ocurría aquí no podría haber sonado más genérico y podría haber ido debajo de cualquier otro texto. Pero no todas las sesiones de terapia tienen que llegar a una conclusión. A veces basta con tener algo en lo que pensar hasta la próxima vez.