
La vainilla no le gusta a todo el mundo. Y no pasa nada.
Una expresión BDSM controvertida
«Vanilla» designa a las personas que tienen sexo convencional, el cual a su vez se conoce como sexo vainilla o sexo de florecitas. Según cuenta la leyenda, el término viene del sabor de helado de vainilla, que supuestamente es el más popular y, por tanto, el más extendido. Un sabor que algunas personas encuentran aburrido. La escena utiliza el término muy a menudo tanto como sustantivo, como adjetivo o, como en el caso de la palabra «sexo vainilla», en palabras compuestas.
Como sinónimo también se usa la abreviatura «Stino», que viene de «stinknormal» (normal a más no poder). Ya se nota: aquí se trata sobre todo de marcar diferencias con uno mismo.
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¿Quién es vanilla?
Sobre qué significa exactamente «convencional» hay distintas opiniones. En algunos entornos culturales, prácticas como los tríos, el sexo anal o el sexo swinger ya se consideran no normales o incluso kinky. En el ámbito germanoparlante, en cambio, tales prácticas, pero también los juegos de ataduras y los juegos de rol, no son raros entre las personas vanilla. A veces también se denominan prácticas BDSM que no requieren mucho entrenamiento ni conocimientos previos como vanilla kinks, es decir, light kinks, o «spicy Vanilla».
Como hemos dicho, los límites son difusos. Está muy extendida la definición que caracteriza el concepto independientemente de las prácticas, y lo entiende cumplido en el claro rechazo a desviarse del statu quo. Otra opinión muy extendida considera la ausencia de un desequilibrio de poder como característica del sexo vainilla. Sin embargo, los juegos de rol, por ejemplo, que viven precisamente de ese desequilibrio de poder, también son muy populares entre las personas vanilla.
Qué hay que tener en cuenta con el término vanilla
El término se usa a menudo de forma despectiva, aunque no debería. Todas las variantes de la sexualidad que se basan en el consentimiento mutuo y consciente son bonitas y merecen respeto. Además, las concepciones de lo que es kinky y lo que es vanilla son enormemente subjetivas. No en vano el término es muy controvertido. Aun así, te lo encuentras con bastante frecuencia en la escena BDSM para marcar diferencias.
Del mismo modo que deseamos que se nos vea en serio y sin prejuicios, no deberíamos burlarnos de las personas «vanilla». Porque la sexualidad no es una competición. No se trata de quién es más duro o más exótico, sino de que todo el mundo se divierta a su manera. Y mucho menos deberías soltarle el término sin más a alguien que rechaza el BDSM. Normalmente esa persona no sabe qué hacer con ello y se siente menospreciada después de que le expliques la expresión. Así que mejor úsalo con moderación, de forma neutral y sobre todo con sensibilidad. Lo mismo vale para el sinónimo Stino, que en comparación con vanilla tiene un regusto realmente despectivo.
