
Lynn – Del sótano cochambroso al bar de vinos
Con motivo del Día de la Mujer, en esta serie los miembros del equipo de Deviance se presentan y cuentan qué es lo que les mueve. Esta vez: la autora Lynn habla sobre su propio proyecto, las #KinkSisters, y cómo gracias a él acabó formando parte de otro proyecto.
Cómo una tertulia de amigas se convirtió en un trabajo
¿El BDSM es perverso, enfermizo y ruin, lo practica gente turbia y solo tiene que ver con pegar, gritar y mear? ¿A puerta cerrada, en lugares oscuros, con personas inmorales vestidas de látex y cuero? Hasta ahí el cliché. A mí no me gustan los clichés. O sea, en general. Constantemente nuestra vida está determinada por casilleros y categorías, nuestros gustos musicales y peinados nos convierten en personajes, nos meten a la fuerza en grupos o nos dictan lo que se espera de nosotros.
¿Quién soy? Meto la nariz en libros sin parar. No puedo ir a ningún sitio sin una libreta, porque siempre estoy escribiendo. Libros, blogs, notas, diario: da igual. Lo importante son las palabras. Me gusta la jardinería, la comida india es simplemente amor. Me encantaría tener una casita en unos acantilados escarpados y erosionados por el agua del mar, sola en medio de la nada, con un huerto, una chimenea abierta, un par de gallinas y aun así buen wifi.
Me flipan los calcetines calentitos que teje mamá. Mi helado favorito es el de menta, me encanta el vino tinto seco y por las noches me gusta bastante zurrarle a mi marido.
La gran y mítica escena BDSM, ese constructo legendario y elitista que por un lado parece tan acogedor y por otro tan cerrado, esa no era lo mío. Pero el BDSM sí que es lo mío. Lo vivo desde mucho antes de saber siquiera que tenía un nombre.
Compartir experiencias, crecer juntas
Mi experiencia es que a muchísima gente le pasó lo mismo. Que había algo que era diferente, que se desviaba de la norma. Que a ese «algo» no lo sabías nombrar bien. Que no sabías con quién podrías hablar de ello. Realmente activa, leyendo mucho, intercambiando y reflexionando, formándome y explorando nuevas prácticas, eso lo empecé hace unos 14 años. Hace unos dos años surgió de algún modo el deseo de transmitirlo. De ampliar considerablemente mi radio de intercambio. De compartir mi conocimiento y aprender de otras personas.
Con una persona que se ha vuelto muy importante para mí decidí ceder a ese deseo. Sinceramente, esa persona fue una fuerza muy impulsora. Antes pensaba que no podía conseguir algo así, o que simplemente no era lo bastante interesante como para transmitir a los demás lo que sé. El resultado de nuestras ideas y ensoñaciones fue una tertulia. Una propia, que no llevaba el BDSM como título, sino que era relajada y desenfadada.
Como una velada agradable entre amigas que, casualmente, resulta que son todas un poco kinky.
Amigas con las que, si quieres hablar de sexo, simplemente puedes estar tranquila. Donde nadie abre los ojos como platos, porque todas de algún modo tienen experiencias que no son solo vanilla —o al menos les gustaría tenerlas—. Así nacieron las #KinkSisters.
Una velada con consecuencias
En ese encuentro en un bar de vinos se iban a fijar las vías para una nueva etapa de mi vida. Eso no lo vi venir. Pero sin esa tertulia hoy no formaría parte de Deviance, porque aquella noche, a mi lado, estaba sentada Marina. Teníamos buena conexión, esa mezcla de cosas en común y diferencias que hace posible entenderse bien y estar en la misma onda, aunque tengas otras opiniones y experiencias. Me habló de Deviance, ese proyecto que estaba poniendo en marcha, y lo hizo con tanta pasión y con un brillo tal que era contagioso. Había algo en ello que ya no me dejó en paz.
Seguimos en contacto de forma esporádica, y una noche, durante una llamada telefónica, simplemente le pregunté: «Si alguna vez buscas gente, ¿te acuerdas de mí?». Pues bien, tres días después firmaba mi contrato.
7 meses después…
Ahora tengo la enorme suerte de trabajar con gente estupenda, en un ambiente en el que me siento increíblemente a gusto. En el que puedo hacer algo que me apasiona. Que encaja con mis propias causas del corazón. Con compañeras a las que ya idolatraba como una fangirl antes de conocerlas en persona.
Yo creo que, cuando tu profesión es una vocación, eso influye mucho en tu satisfacción personal.
Porque no trabajo para una empresa, para un jefe, por un sueldo, sino por una causa en la que creo. Que también es importante para mí. Ahora tengo la posibilidad de sacar un poco a toda la escena BDSM de su rincón cochambroso y presentarla tal como es: variada, apasionante, individual, respetuosa.
