
Dominance: ¿Algo así como dotes de liderazgo?
¿Qué significa Dominance?
Dominance, en español «dominancia» o «dominación», proviene del latín «dominus» o «domina», que significa algo así como «señor (de la casa)» y «señora (de la casa)», e indica por tanto la posesión sobre un «domus», una casa. Emparentado con ello está también el verbo latino «dominare», que significa más o menos «gobernar» o «dominar».
En biología, el término dominancia se refiere a que un individuo tiene un estatus superior frente a un grupo o a otros, y que los demás se subordinan a él. En psicología, la conducta dominante es un concepto habitual que designa rasgos de carácter posesivos y el «querer dominar» a otras personas.
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En genética se distingue entre factores hereditarios dominantes y recesivos, imponiéndose los primeros sobre los segundos. El término también se usa en la economía de mercado y en el deporte, donde una persona física o jurídica prácticamente adelanta a las demás y define el ritmo, el crecimiento y los rendimientos.
En BDSM, la Dominance es uno de los seis grandes ámbitos y, junto a la «Discipline», se esconde tras la D de BDSM. Casi todas las variantes de juego dentro del BDSM tienen en común que siempre hay una parte que ejecuta y otra que deja que las cosas sucedan. Un arriba y un abajo, por así decirlo, un desequilibrio de poder. La dominancia designa tanto el estatus de la parte que ejecuta en semejante desequilibrio como el adjetivo que caracteriza a muchas de las prácticas.
Ya sean juegos de rol, impact, petplay, lluvia dorada o juegos con cera: aquí siempre hay una persona que dirige y controla, que da forma, controla y mantiene con firmeza los hilos de la situación, la influencia y la variante del juego. Frente a la dominancia se sitúa la submission.
¿Cómo se manifiesta la dominancia?
Qué significa exactamente la palabra dominancia es, como tantas cosas en el BDSM, muy subjetivo. Solo en una cosa están todos de acuerdo: la dominancia no es una toma brutal del poder ni tampoco una manipulación, sino un consenso justo y explícito entre las partes.
Algunas cualidades están firmemente entrelazadas con la dominancia: la capacidad de asumir la dirección y, con ella, guiar, controlar e influir. La intención de respetar los límites y objetivos de una o varias partes sumisas, el cumplir juntos deseos en una relación respetuosa y honesta.
Por lo general, esta cualidad o esta conducta se atribuye a personas que juegan arriba, como Top o Dom. Personas que encuentran atractivo en el control, que disfrutan del desequilibrio de poder y lo expresan mediante palabras, miradas, gestos, expresiones faciales, pero también físicamente, hacia una o varias personas.
Pero la Dominance no está necesariamente ligada al castigo corporal ni a otra práctica física específica. La dominancia es diversa, puede ser una mirada, un gesto con el dedo o un golpe. Se expresa entre un chasquido de lengua o el restallar de un látigo. La dominancia es la necesidad de hacer que otras personas se rindan a ti, de guiarlas. Física y psíquicamente. Es la tensión que generas sobre tu contraparte y el deseo que provocas de obedecer, de ser devoto y de entregarse.
¿Qué hay que tener en cuenta en la Dominance como variante de juego?
Aquí, sin embargo, siempre vale la consideración hacia la otra persona. Porque la dominancia no es un permiso para convertir a alguien en un juguete, sino que se basa en el consentimiento mutuo y en la confianza. Aunque un/a Dom obtenga satisfacción del ejercicio de su rol, nunca actúa de forma egoísta, sino en beneficio de la otra persona.
Porque a la dominancia también pertenece escuchar bien a tus compañeros/as de juego, estar abierto y receptivo al feedback y estar dispuesto a seguir desarrollándose. En resumen: Dominance significa tener siempre presentes los intereses de ambas partes y determinar el camino para llegar a ellos. Recuerda un poco a lo que se dice de las personas con dotes de liderazgo en el mundo laboral.
¿Dominación o mandón?
No por casualidad existe en inglés la distinción entre «dominant» y «domineering». Mientras que «dominant» se traduce más o menos como «predominante» o «determinante», «domineering» significa algo así como «mandón», incluso «tiránico». Esto deja bastante claro que quien se comporta de forma mandona no es dominante, sino que le gustaría serlo. Las personas mandonas tienden más bien al impulso de dar órdenes a todo y a todos para demostrar su posición.
La dominancia, en cambio, se expresa a menudo en una especie de confianza inquebrantable en uno mismo. Eso, a su vez, no significa que una persona se considere infalible, sino más bien que no permite dudas (infundadas).
La dominancia no hace ruido. Simplemente está ahí y actúa.
Anónimo
Las acciones y el aspecto psíquico de la dominancia es algo que estas personas tienen de forma natural en su interior. No argumentan sobre su posición. Mientras juegan no piensan en sí mismas, sino en su contraparte y en la influencia que ejercen. Una persona dominante asume la dirección; una persona mandona la arrebata, busca atención, es ruidosa y absorbente. Pero no en el sentido positivo. También aquí quizá algunos se acuerden de nuevo de sus malos jefes.
Una persona mandona muestra a menudo muchas de las red flags que se asocian con las personalidades dominantes. Fija vuestro rol según sus propias ideas, critica o comenta límites, necesidades, deseos. Todas señales claras de que semejante personalidad está centrada en sí misma y no en la persona sumisa.
La Dominance es siempre un regalo, no un derecho
Aunque la «Dominance» es algo difícil de definir y de precisar, está anclada en muchas personas y es muy codiciada. Por eso, como persona dominante, lo más importante es saber manejar bien esta cualidad y no abusar nunca de la propia posición ni de su efecto. La reflexión constante, las conversaciones con personas sumisas —sobre todo con la pareja— y el aprendizaje paso a paso de prácticas y conocimientos os ayudan a disfrutar de vuestra dominancia a fondo, pero de forma segura.
Porque la base de cualquier relación BDSM, pero sobre todo de aquellas con un fuerte aspecto de dominancia, es la asunción voluntaria y consensuada del control y, con ello, también de un pedacito de poder. Y esa entrega, a su vez, es un regalo y debe tratarse siempre como tal, con aprecio.
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