El desgarro interior

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¿Puedo encontrar esto excitante? ¿Puedo permitir que me guste? Esta lucha probablemente la conozca cualquier persona al comienzo de su viaje por el BDSM. Y así le pasó también a nuestra autora invitada Katharina-Sophie. Un texto inspirador sobre el desgarro interior entre la curiosidad, la vergüenza y las cadenas sociales*, en el que más de una persona se reconocerá.*

Este texto, titulado “El aire para vivir”, apareció originalmente en el blog actualmente en pausa de Katharina-Sophie y fue cedido a Deviance.

Lo llevas dentro desde hace mucho. Tienes tus preferencias. Sabes que necesitas otras cosas. Sabes que lo «normal» te sabe a poco. En algún momento, esa criatura recibe un nombre: ¡BDSM!

Con curiosidad miras lo que hay. Te asusta y te excita a la vez, con esta pregunta en la cabeza: «¿Puedo encontrar esto excitante? ¿Puedo permitir que me guste?»

Ves cadenas sociales. Cadenas de moral y decoro que te rodean y te oprimen. Apartas los pensamientos a un lado. Tu cabeza dice: «anormal». Pero todo en tu interior lo pide a gritos. Te informas. Empiezas a sumergirte en un mundo. Por muy desconocido que sea, todo lo que ocurre en él te resulta familiar.

Conoces a personas que están en el mismo viaje que tú. Ves cómo otros lo viven y ganas valor. Valor para hacerlo tú también.

Hay cosas que te gustan. Dejas que los pensamientos fluyan en tu cabeza. Ya no son anormales. Son distintos. Las cadenas se van soltando poco a poco.

Tu cuerpo, tu mente, tu alma se van encontrando lentamente, encuentran su destino. Ves algo nuevo y otra vez aparece esa presión social.

Las cadenas están ahí. La conciencia de la estigmatización también. Sigues rechazando los pensamientos. Pero el anhelo te atrapa y de nuevo avanzas hacia este mundo. Paso a paso. Paso a paso tu normalidad se transforma. Ya no la determina la sociedad, sino únicamente tú. Empiezas poco a poco a vivir.

Embriagada por ello, quieres saber siempre más, probar, aprender, experimentar. Eso que buscabas. Eso que siempre te faltó, ya al alcance de la mano. Pero, por otro lado, tan lejos.

En algún momento te das cuenta de que la teoría no basta. Sabes que solo en el BDSM puedes ser «tú». Sientes que lo necesitas. Que precisamente eso es tu sexualidad. Igual que otras personas son lo que son: trans, cis, bi… tú eres BDSM. No como un juego. No para poner un poco de ambiente en la cama, no solo el fin de semana. No: «hoy me apetece». Tú lo eres. Necesitas dolor, sumisión, desnivel de poder, entrega, respeto y ese amor profundo.

Aprendes lo que significa este mundo. La esencia del BDSM. Pero queda un paso más. Quieres darlo. Tienes que darlo. Tus sospechas se confirman y lo necesitas. Has llegado por completo a este mundo. Este mundo que siempre fue el tuyo. Esta forma de vivir. Entiendes cosas que muchos no pueden comprender. Aprendes el amor de nuevo, de otra manera, mucho más amplio.

Las cadenas caen y sales de ellas, las dejas atrás. Una breve mirada atrás, porque ya no habrá ninguna «vuelta atrás». Ya no intentarás ser algo que no eres.

Has llegado. A ti misma y a tu ser. En el largo camino del autoconocimiento, que no terminó —como la sociedad tiene por aceptable— en el yoga, el minimalismo, el GoGreen, un monasterio o, como mucho, en el tantra.

Tu mundo es el BDSM, y vivirlo. Nada de juego, nada de «querer ser», nada de competición. Puro ser.

Buscas la contraparte. En el BDSM, lo uno no puede existir sin lo otro. Yin y yang, sol y luna. Día y noche, fuego y agua.

Habéis llegado a otro nivel. Más que una relación. Confianza profunda, entrega pura, deseo puro. Los límites con la realidad se difuminan, dejan de existir. Juntos alcanzáis las alturas, descubrís y vivís tanto en común. Os entendéis sin palabras, conocéis al otro al 100 por cien, le dais al otro lo que necesita.

El aire para vivir en el mundo del BDSM.