
Por qué las manos son el mejor juguete
Cada martes, la autora Margaux Navara nos presenta un nuevo juguete BDSM. Y hay uno que casi todo el mundo ya tiene y que ni siquiera cuesta nada: nuestras manos.
El texto titulado «Martes de juguetes BDSM: manos» apareció por primera vez en su blog homónimo «Margaux Navara»* y fue cedido a Deviance.*
Con todos los juguetes que se acumulan en nuestros armarios, casi me olvido de los más obvios… ¡Qué vergüenza!
Sí, las manos. Las manos de mi marido en mi caso. Se pueden usar de tantas maneras… ¿Conocéis ese agarre alrededor del cuello? Incluso sin asfixiar, dice muchísimo. Da igual si es de frente, de lado o por detrás, cuando siento su mano así en mi cuello, me derrito, me vuelvo hembra, cambio al modo sub. Y ya solo ese agarre puede ser tan distinto. ¿Se hace con ternura? ¿O se trata de establecer desde el principio del juego quién tiene el poder? ¿Me manda a mi sitio a sus pies, me empuja contra la pared o sobre un banco de spanking? ¿Quiere mostrarme que me sostiene, que tiene mi vida en sus manos, o mi bienestar, o mi placer? ¿Me quita el aire para dosificármelo a su antojo?
Cada matiz expresa algo diferente, desencadena algo diferente en mí.
¿Con qué fuerza agarra? ¿Se clavan las yemas de sus dedos en mi piel o descansan suavemente sobre ella? ¿Siento cada relieve y surco de la palma de su mano o está ya tan pegada que todo es solo dureza?
Algo parecido pasa con un buen agarre de pelo. Puede obligarme a bajar al suelo, o meter su polla especialmente profunda en mi garganta, o echarme la cabeza hacia atrás para poder besar/morder/lamer mejor. ¿Me mantiene inmóvil para poder embestirme más profundamente? ¿O me aparta de sí, me dirige hacia donde me quiere tener?
Sé que en mis libros uso mucho la expresión, pero es solo porque así lo siento exactamente: se acciona un interruptor. No puedo oír el clic, pero sí sentirlo.
Las manos pueden hacer muchísimo. Son grilletes cuando sujetan mis manos. Son consolador cuando me penetran. Aprietan mejor que cualquier pinza para pezones, a veces expresan órdenes mejor que las palabras o las refuerzan, muestran deseo y calentón y el comienzo de un juego, me sostienen durante los mimos posteriores (lo que otros llaman aftercare).
Las manos son imprescindibles en cualquier sesión de BDSM. Aprietan y pellizcan, acarician y golpean.
¡Oh, los golpes! Sinceramente, me gustan los paddles y la vara y el flogger y la fusta, pero no hay nada como un buen spanking a la vieja usanza con la mano. ¡Y qué distintos pueden ser los golpes! Fuertes, suaves, brutales.
Lo que a ninguno de los dos nos gusta, pero que a algunos les encanta, es golpear con los puños. Pero también aquí vale lo mismo: probar y descartar o mantener, según el gusto.
Además, las manos llegan a todos los sitios. Ya sea al culo o a la vulva (doloroso y placentero a la vez), a la parte trasera o interior de los muslos (¡ay!), a la cara (¡cuidado!) o a los pechos: creo que no hay ningún sitio al que una mano no pueda llegar.
**¿Las manos como juguete? Sí, exactamente así deberíais verlas. Pueden mucho más de lo que pensáis. **
Probadlo. Levantad la barbilla de vuestra sub con un dedo y miradla a los ojos. Rodead sus pechos y apretad lentamente. Golpead de repente en el costado, unas veces con la mano ahuecada, otras con la palma plana. Agarrad sus muñecas y sujetadlas contra la pared. Mmmh. Ya se me está disparando de nuevo el cine mental…
Voy a seguir escribiendo la lista de Hunter. Ahora mismo va sobre impact play, probablemente por eso estoy tan soñadora.
¡Jugad bonito, un pasatiempo maravilloso en estos tiempos de locos!
