
8 red flags en las que los doms deberían fijarse en las subs
Señales de advertencia. Las conocemos de los envases, del tráfico o incluso de las clases de química. Hoy en día, sin embargo, también nos las encontramos en nuestras relaciones. En el BDSM se habla entonces de las llamadas red flags. La mayoría de las veces se refieren a ciertos comportamientos que, por lo general, apuntan a intenciones manipuladoras o egoístas, a la ignorancia de principios o simplemente al desconocimiento.
Cuando se habla de estas señales de advertencia en la escena BDSM, los consejos que las acompañan suelen ir dirigidos a advertir a las personas sumisas, a las subs, sobre el comportamiento peligroso de los doms.
Dummdoms, poseros/as y malhechores/as son personajes habituales con los que uno se encuentra. Esto suena como si al lado dominante, como individuo que ostenta el poder, no le acechara ningún «peligro». Pero no todos los seres devotos son angelitos encantadores que esperan al dom perfecto o a la doma perfecta.
¿Peligro desde abajo?
Porque las personas submissive, bottoms, bunnies o también serfs pueden ser retorcidas, como cuentan una y otra vez doms o riggers con perfiles conocidos. En sus buzones se acumulan mensajes que van desde deseos de sumisión agresivos, pasando por la imposición de fantasías y la exigencia de dominancia, hasta el kink-shaming y los insultos.
Comportamiento irrespetuoso, que la mayoría de las veces también se refiere a los/las compañeros/as actuales, subs, modelos, bunnies o esclavos, hablando de ellos de forma despectiva y criticándolos. Otros simplemente fingen un determinado papel, se niegan, cambian constantemente de opinión, no pueden o no quieren realmente implicarse. A continuación se presentan los más habituales de estos comportamientos.
1. Suplicar y exigir
«¡Dime qué tengo que hacer, Daddy!», «Le pertenezco, Señora, ¡úsame!» o «Pégame hasta que no pueda andar. ¡Quiero aguantarlo todo por ti!»
A menudo estas frases traen consigo una gran alegría y ponen la piel de gallina. Pero exigir algo de esta manera no siempre es apropiado. Alguien que se echa a tus pies sin haber mantenido una conversación sobre consenso o sin conocer tus preferencias, evidentemente no tiene ni idea de lo que podría esperarle ni de cuáles son sus propios límites. Aunque existen eventos diseñados precisamente para eso, fuera de ellos tales deseos no tienen validez.
Pero también en una relación ya existente, la exigencia constante sin tantear previamente es una mala costumbre. Cuando la sub no hace más que exigir y suplicar, el lado dominante se siente presionado y no tomado en serio. Un día en el que uno mismo no tiene ganas de jugar, la exigencia permanente de un tipo de juego o de la intensidad deseada puede resultar incómoda y abrumadora. Rogar, lloriquear y suplicar puede parecer, objetivamente y en un primer momento, sumiso, pero desde luego una cosa no es: devoto.
En ambas situaciones vale lo mismo: si no se ha hablado antes de qué, cuándo y de si se quiere siquiera vivir una experiencia juntos, suplicar y exigir apunta a una persona centrada en sí misma y poco reflexiva. Porque cada persona debería tratar tanto sus propias necesidades como las de la otra persona con el mismo valor. Suplicar denota inseguridad y desesperación, y por tanto no habla precisamente de una relación sana. A más tardar cuando esa persona incluso se enfurruña tras el rechazo, ¡deberían parpadear todas las luces de alarma!
2. Inventarse excusas para no cumplir objetivos
El BDSM no es un deporte, pero aun así «objetivos» es la palabra adecuada. Los objetivos pueden ser tanto algo que se quiere alcanzar juntos o para uno mismo, como también marcar un estado en el que se inicia un nuevo nivel de intensidad.
Todos tenemos distintos hitos que debemos alcanzar para lograr confianza. Algunas subs quieren primero tener una relación establecida durante cierto tiempo, familiarizarse con el equipment o haber desarrollado hábitos antes de hacer algo nuevo. Por ejemplo, muchas tienen un umbral que superar antes de llevar por primera vez un collar, de dirigirse a alguien con un título o de sentirse listas para nuevas prácticas.
Especialmente al principio de una relación de juego, el lado dominante debe dejarse guiar por las necesidades y los límites de la sub, de modo que el ritmo y la intensidad se ajustan a menudo más al lado sumiso, ya que este suele desempeñar el papel «portante».
Pero si la sub va poniendo constantemente nuevas razones para no reconocer las necesidades del dom o de la doma, esto puede convertirse en una carga. La comunicación abierta es aquí increíblemente importante. También, o precisamente, cuando se trata de rechazo, nerviosismo o reparos. Está totalmente bien no querer algo o cambiar de opinión. Lo que no está bien es dar largas al dom con promesas vacías, hacerle saltar continuamente por nuevos aros para que se gane sus necesidades. Eso incluso puede considerarse abusivo.
3. Negativa permanente
Aquí no se trata, por supuesto, de contradecir de forma básica o de comunicar límites. Se trata más bien de mostrar una negativa absoluta, a pesar de haber mantenido conversaciones detalladas previas que incluyeron el consentimiento y la fijación de límites y objetivos. Naturalmente, cada participante puede cambiar de opinión si la situación se desarrolla de forma distinta a lo imaginado. Incluso hay algunas brats que se han fijado justamente eso como táctica fija. Pero cuando, tras el consentimiento, se cancela todo sin comunicar un motivo, esto puede desconcertar profundamente al lado dominante.
De nuevo: miedos, nerviosismo, inseguridad, reparos o quizá simplemente un estado de ánimo inadecuado son normales y deberían mencionarse. Pero negarse con la boca apretada a todo puede dañar de forma duradera la comunicación y la confianza. En ese momento, a menudo es aconsejable interrumpir una session o una conversación, o usar la safeword para mostrar el alcance de este comportamiento.
4. No tener límites
En muchos perfiles online pone «sin límites» o «sin tabúes». Probablemente con esas indicaciones se quiera resultar más atractivo para los doms, sugerir apertura, flexibilidad y posibilidades ilimitadas. Una de las red flags más evidentes en las subs.
Porque «no tener límites» significa a menudo que la persona todavía no se ha ocupado de sus propias necesidades. A veces también apunta a una persona con un bajo instinto de autoconservación. Pero la ingenuidad puede, precisamente en este punto, salir terriblemente mal.
Porque lo que se considera un límite es altamente subjetivo y depende de la experiencia y de la capacidad imaginativa individual. Para algunos eso es una palabrota, un bofetón o las suspensiones. Para otros significa afeitar el pelo, quitar el móvil y encerrar a la sub una semana en una jaula.
Especialmente cuando uno es todavía nuevo en la escena BDSM, el batiburrillo de términos, fetiches, prácticas y juguetes esconde suficiente riesgo como para perderse rápidamente. A las subs «sin tabúes» se les recomienda por tanto informarse en nuestro ABC o reflexionar sobre sus propios límites con ayuda de una lista de inclinaciones, como la de Bad Girl.
5. Ignorar la información
Un fenómeno muy popular en las plataformas de citas online. En el mundo de internet somos a menudo, en un primer momento, una colección de títulos que nos hemos otorgado y que introducimos en un software de opción múltiple. Aun así, se pasan por alto con gusto incluso los textos de perfil más claros y se reduce a los doms únicamente a su rol.
Así, en los buzones de los doms se encuentran innumerables mensajes y solicitudes que no encajan con las necesidades comunicadas en su perfil. Por muy buena intención que tenga un mensaje, ignorar una afirmación clara no dice nada bueno del remitente. Quien ya antes de escribir no muestra atención ni respeto, tampoco cambiará su comportamiento en la vida real. Definitivamente una red flag en las subs.
«No estoy buscando» o «Busco exclusivamente esclavos domésticos»
Ofrecerse a alguien que está en una relación firme y no busca otra, a pesar de una búsqueda tan clara, no solo es irrespetuoso con esa persona, sino también con su pareja o sus parejas. Especialmente cuando uno encima quiere presentarse como más interesante o especial, e incluso da el paso de criticar a la pareja, no se transforma automáticamente en la sub deseable, sino en un gilipollas irrespetuoso.
Pero también puede ocurrir durante una session: hay subs que dan por hecho que el dom o la doma va a entrar en una fantasía o tipo de juego si simplemente se le confronta con ello mientras se juega. Así traen equipment, expresan sus fantasías en situaciones inadecuadas, exigen agresivamente o luego suplican por ello. Se entregan sin acuerdo previo, esperan atados, con plug o se ponen a escondidas ropa que les gusta. Eso te vuelve a poner en la incómoda situación de tener que dar rechazos y negativas.
6. Entregarlo todo
Este problema aparece en las mejores relaciones BDSM. Después de haber encontrado al top adecuado, la sub entrega el sombrero y, de paso, el abrigo, el jersey y el pantalón. Pero la autorrenuncia absoluta sin acuerdo previo justo al principio es una red flag en las subs.
Ser dominante significa asumir responsabilidad, tomar decisiones y llevar el mando, pero no tomar todas las decisiones y gestionar por completo la vida de la sub.
Naturalmente, en las relaciones D/s establecidas existen desde luego desniveles de poder mediante los cuales las decisiones cotidianas se transfieren por completo al dom o a la doma. En este caso se habla de Total Power Exchange, en resumen TPE. Un escenario para el que en la fase de conocerse es definitivamente demasiado pronto y que hoy en día se practica cada vez con menos frecuencia.
Porque una relación 24/7 así debe crecer mediante la reciprocidad: se tiene responsabilidad hacia uno mismo y hacia la pareja, se cuida el uno del otro y se está el uno para el otro. Esto vale para todos los implicados.
Pero si se apagan la comunicación y las opiniones, puede pasar cualquier cosa. Por ejemplo, se pueden tomar decisiones importantes de forma distinta a la deseada o dejarlas caer en el olvido. También como dom podéis y deberíais esperar contraprestación y colaboración.
Si alguien exige desde el principio que el dom o la doma asuma por completo la responsabilidad sobre los asuntos económicos, físicos y emocionales, eso es definitivamente una red flag. Porque una sub que se recuesta en cuanto ha encontrado a un dom y dice: «A partir de ahora esta es tu decisión» pone su vida, de forma imprudente, en manos de otra persona. La mayoría de las relaciones, sin embargo, presuponen que las decisiones fundamentales se toman uno mismo.
7. La media verdad
Lesiones, molestias, limitaciones: a veces una sub calla estas cosas por miedo a parecer demasiado complicada o porque no las considera importantes. Pero ya sea a nivel físico o psíquico: tanto las lesiones y limitaciones antiguas como las actuales es muy importante comunicarlas.
Antes de cada session debería determinarse el estado actual. Esto vale para los coches de alquiler igual que para subs y doms. Basta con sentarse el uno frente al otro, establecer contacto físico y preguntar cómo se siente hoy la sub. Anímala a comunicar dolores de cabeza, tensiones, rigidez y quizá también determinados sentimientos. Si tenéis la sensación de que se os oculta algo, dejad claro que la entrega y el dejarse llevar no son posibles si todo el rato solo se piensa en muelas doloridas o músculos que se desgarran. Comunicar los estados anímicos y físicos fortalece además la comprensión del cuerpo de la pareja.
8. Y la cabeza también tiene que participar
Igual de importante que el cuerpo es el estado mental. Estar atrapado en los propios pensamientos esconde tantos peligros como un dedo del pie fracturado. Un golpe equivocado o movimientos aparentemente pequeños pueden causar un gran dolor.
Las enfermedades o cargas psíquicas en sí no son red flags en las subs. Pero callarlas o mentir sobre ellas, sí.
Porque hay palabras o gestos que pueden desencadenar malos recuerdos, pánico, miedo o viejos traumas. «Triggers» se llama a eso. Estos hay que aclararlos de antemano. Algunas personas pierden la capacidad de hablar o necesitan algo concreto cuando les entra el pánico. Una manta, té, agua, su tranquilidad o su móvil. También estas cosas deberían aclararse antes. Como los estados psíquicos son a menudo difíciles de explicar o de describir de forma completa, el dom debe ser empático y atento. Pero sin la colaboración de la sub tampoco funciona.
Las depresiones, los trastornos por trauma, las tendencias al pánico, el TDAH, el TDA o el autismo ya no son hoy en día temas tabú. Sin embargo, mediante ciertas prácticas BDSM pueden activarse. Por eso hay que prestar especial atención a las subs con conductas autolesivas, con trastorno límite (borderline) o con burnout. Algunas subs con la predisposición correspondiente usan el impact play o los castigos como forma de autolesión o autoflagelación.
En lugar de un acto de intimidad y desnivel de poder, este se convierte en un acto de violencia contra uno mismo, y el dom o la doma en un medio para un fin. Aunque estos casos son más bien la excepción, como pueden darse, deben mencionarse aquí como posibilidad.
Por eso vale, como siempre: sed atentos y honestos los unos con los otros. No calléis nada e interrumpid una session en caso de duda. Volved a comunicaros, estableced un nuevo diálogo e intentad aclarar vuestras preocupaciones.
Algunas de estas cosas las hacemos de forma inconsciente o por desconocimiento. Las personas submissive tienen a menudo la necesidad de complacer, de aguantar o de resultar lo más atractivas posible. Pero estas no son soluciones duraderas ni sanas. Ni para uno mismo, ni para la otra persona.
