
Objetificación – La cosa con las cosas
¿Qué significa objetificación?
La objetificación es una práctica del ámbito BDSM, o más concretamente un juego de rol, en el que se considera a una persona como un objeto con fines eróticos. Sin embargo, no debe confundirse con la objetificación general, como la que sufren las personas leídas como femeninas en la sociedad. Esta última es un fenómeno discriminatorio y sexista, que refuerza las desigualdades y ocurre sin consentimiento. Nos referimos, por ejemplo, a que es relativamente habitual usar a personas leídas como femeninas en poses sexualmente insinuantes como elemento decorativo con fines de marketing, aunque la sexualidad no tenga nada que ver con el mensaje ni con el anuncio. En ocasiones se reduce a las mujeres a su aspecto para provocar una sensación positiva en los espectadores masculinos. Esto también genera presión sobre las mujeres en otros ámbitos de la vida, sobre cómo tienen que ser. Pero centrémonos mejor en la objetificación erótica.
En la objetificación erótica, una persona sumisa deja de ser tratada, de mutuo consentimiento, como un ser vivo, y pasa a ser un objeto inanimado, como un asiento, una superficie donde dejar cosas, o adquiere una función, como la de un cenicero, una lámpara o un toy. Es decir, de un ser vivo se hace una cosa. La objetificación sexual, también llamada cosificación, es el máximo grado de despersonalización. El petplay, es decir, encarnar a un animal, suele considerarse una puerta de entrada, ya que en él tiene lugar primero una deshumanización.
¿Cuál es el morbo?
La transformación del o de la bottom de sujeto a objeto forma parte de muchas fantasías sexuales masoquistas o humillantes de personas de cualquier género y orientación. La objetificación puede suponer una degradación erótica para la persona objetificada. Además, deja sin efecto numerosas convenciones sociales.
Dejarse degradar a la categoría de cosa es una forma especialmente intensa de servir. Los objetos de uso no se juegan ni se colman de atención y cariño, sino que a menudo tienen que permanecer inmóviles en una posición fija. Aquí también podríamos hablar de bondage mental. Por un lado, la autodisciplina necesaria es una fuerte prueba de sumisión; por otro, la persona que juega abajo puede seguir sintiendo orgullo o humildad incluso días después, por las agujetas u otros recuerdos del juego. La objetificación se usa en algunas configuraciones también como castigo o con fines de exhibición. Algunos se sienten útiles y se nutren de ello, mientras que para otros resulta especialmente humillante.
En este rol, la persona que juega abajo puede ser observada por los demás a su antojo y, si así se ha acordado, también tocada. En contraste con esto, existe la posibilidad de una cobertura total de la persona pasiva. Al permanecer inmóvil en su posición, deja de distinguirse de un objeto sin vida. A esto pertenece, como conocida preferencia sexual, la forniphilia. Se trata concretamente de un rol de juego como mueble. También la dollification es muy popular. En ella se adopta una identidad de sesión o un rol de muñeca (sexual). Según el uso previsto, lo atractivo de ello es el aspecto de pérdida de identidad y/o de pasividad.
Pero la pasividad también puede manifestarse a través de la pérdida de la posibilidad de determinar lo que ocurre. Mediante bondage, determinada ropa, antifaces, mordazas u otras formas de inmovilización, se restringe el movimiento y se impide una comunicación con sentido. Ese estado tampoco puede finalizarse por cuenta propia. Por eso, en lugar de una safeword, aquí se recomiendan otros símbolos, como campanitas o un objeto que se deje caer en caso necesario.
Debido al uso previsto establecido, la sub tiene que asumir una función, lo que aumenta el grado de degradación en esta práctica. En la pérdida de identidad se trata de quitarle a la bottom su individualidad y su singularidad como persona. Mediante máscaras o privación sensorial esta sensación puede intensificarse aún más. La persona que juega abajo aparece así como intercambiable, exactamente igual que un objeto.
Grados de objetificación
Ya en un constructo de poder permanente con Master o Mistresses y serf empieza la objetificación. La sub pasa a ser posesión; sigue siendo una persona, pero ya se pierde una parte de la autonomía voluntaria. En el siguiente nivel, como pet, la persona sumisa se deshumaniza adicionalmente. Como último nivel está el objeto inanimado, en el que la sub abandona todos sus rasgos y se convierte por completo en una cosa.
¿Qué objetos son adecuados para imitar?
Como ya se mencionó, sobre todo como mueble hay muchas posibilidades de objetificación. Ya sea reposapiés, cenicero, mesa de centro, bandeja de bufé o portavasos, los objetos de uso de función pasiva funcionan muy bien. Si se quiere que la sub sea algo más activa, sirven la lámpara de pie, el candelabro o el perchero. Pero apenas hay límites, muchas cosas son fáciles de imitar. En formas más extremas, la sub quizá se convierta en un inodoro vivo o, en lugar de una muñeca, en un sofisticado robot sexual que también puede moverse y servir activamente, pero eso sí, lo más impasible posible. Gracias a las múltiples posibilidades y variantes, esta práctica es adecuada para muchas configuraciones y siempre resulta emocionante.
La objetificación en el arte
En el ámbito público, como fetiche, probablemente la obra de 1969 de Allen Jones sea una gran inspiración. Creó las esculturas Perchero y Escultura-mesa, que muestran a mujeres semidesnudas en el papel de muebles.
Aunque las damas, unas veces sumisas y otras dominantes, eran de fibra de vidrio, causaron revuelo, tanto positivo como negativo. Las feministas criticaron a las damas exhibidas de manera sadomasoquista. Veían en las obras el cuerpo femenino abusado y cosificado. En las exposiciones se produjeron ataques en forma de bombas de humo y fétidas, ataques con ácido y diversas protestas. Jones había estudiado arte y en los años sesenta mostraba en sus cuadros motivos de revistas fetichistas. Del cuadro al espacio real solo dieron el salto años más tarde. Encontró su inspiración en un casino, cuando vio una máquina tragaperras con forma de mujer casi desnuda. Fabricó sus esculturas con plástico reforzado con metal y después las vistió con materiales fetichistas.
