Cómo empezar con el BDSM en pareja

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Es ese momento especial de “ay” en la vida de cada practicante del SM, cuando él o ella se da cuenta de que las inclinaciones y fantasías que lleva tiempo sintiendo caen dentro del BDSM. También en las relaciones vainilla ocurre a menudo que una de las partes expresa el deseo de vivir alguna que otra fantasía en dirección al BDSM. Solo que, ¿cómo se lleva eso a la práctica? ¿Cómo se va tanteando el terreno? Hemos preparado para vosotros una guía para principiantes en el BDSM.

Paso uno: Establecer las condiciones marco

Antes de empezar, conviene mantener una conversación aclaratoria, casi objetiva. Porque en el centro de toda sesión BDSM hay siempre un desnivel de poder que hay que delimitar. ¿Quién es Top, quién es Bottom?

En segundo lugar, fijáis quién controla y quién se somete, y acordáis una safeword con la que el juego se detiene de inmediato. Es importante que la safeword sea inequívoca, ya que un «no», o «por favor, no» o «para» también podrían formar parte del juego. Así que elegid mejor algo poco habitual, que probablemente no aparezca en vuestro contexto sexual, como por ejemplo «florero» o «Playstation». También podéis usar el sistema de semáforo, en el que la palabra «rojo» indica interrupción inmediata y «amarillo» que la intensidad no debe aumentar más.

En tercer lugar, hay que aclarar qué se va a hacer exactamente y qué no. Para ello es importante que cada parte exprese abiertamente sus deseos, fantasías y tabús. A la mayoría le cuesta algo de esfuerzo, pero es imprescindible para evitar malentendidos que, en el peor de los casos, podrían provocar un trauma. Si los deseos incluyen que uno no pueda hablar, volved al principio y acordad una señal inequívoca en lugar de una safeword, como por ejemplo formar un anillo con el pulgar y el índice.

Comunicar las fantasías sexuales es, especialmente para los principiantes en el BDSM, una cuestión de práctica. Cuanto más habléis de vuestras necesidades y fantasías, más fácil os resultará con el tiempo. El miedo al rechazo aquí está fuera de lugar. Recordad siempre que la otra persona tiene los mismos miedos y tratáos sin juzgaros.

Paso dos: Ir tanteando poco a poco

Vuestra primera sesión BDSM no tiene por qué ser directamente golpes fuertes, ataduras o escupir, sino que podría empezar con que una parte dé órdenes a la otra, como simplemente arrodillarse o desnudarse. Pero también podría empezar con una instrucción no motivada sexualmente, como por ejemplo ordenar la casa.

Observad qué provoca eso en vosotros y en la otra persona, cómo se siente, y avanzad o no según el bienestar. Después pensad qué viene a continuación. Por ejemplo, la persona sumisa podría cambiar su posición, bajar la mirada o tocarse.

No tenéis que fingir ni hablar de repente de otra manera o especialmente autoritaria. No tenéis que encajar en ninguna imagen concreta. Al contrario: lo importante es que os mantengáis fieles a vosotros mismos y lo conectéis con vuestra sexualidad habitual. Liberáos por tanto de ciertas ideas o supuestos referentes. Especialmente las películas no son una buena referencia. Ni 50 Sombras de Grey ni el porno se corresponden con la realidad. Las prácticas hardcore, como las que aparecen en el porno SM, requieren además años de experiencia.

Cuando entra en juego el equipamiento, este debe probarse despacio. Una cuerda, por ejemplo, podría primero pasarse lentamente por la piel para observar la reacción de la persona sumisa, y luego algo más bruscamente.

Paso tres: Empezar con lo que se tiene

A propósito del equipamiento: para crear un desnivel de poder BDSM, en principio no hace falta un equipo especial. Bastan las propias ideas y pensamientos. Solo cuando se trata de fantasías concretas como juegos de ataduras, encerrar o vendar los ojos entra en juego el equipamiento.

Un antifaz siempre es un buen comienzo para privar a la otra persona del sentido de la vista. El antifaz para dormir del último vuelo de vacaciones o un pañuelo son perfectamente adecuados, y no solo para principiantes en el BDSM.

Para juegos que ya van en una dirección dolorosa, encontraréis objetos útiles en casa con los que probar el placer por el dolor antes de gastar mucho dinero en costosos instrumentos de golpeo que, si no os gustan, ya no volveréis a usar.

Para azotes en el trasero puede servir simplemente vuestra mano o una cuchara de madera. Empezad suave y aumentad la intensidad según la reacción o el feedback de la persona que recibe. Con pinzas de la ropa de madera podéis probar cómo se siente atar los pezones u otras zonas de la piel. Con un tenedor o un palillo podéis comprobar cómo reaccionáis a un ligero pinchazo o arañazo.

Recordad siempre: los protagonistas siempre sois vosotros mismos con vuestro propio placer o creatividad, ¡no el súper equipamiento!

Las prácticas más duras, en las que también algo puede salir mal, como por ejemplo los juegos con agujas, la cera de vela o la asfixia («breathplay»), no son adecuadas para una primera sesión, ya que su efecto puede ser muy distinto al esperado. Es mejor que os iniciéis en tales prácticas primero en un contexto no sexual. Por ejemplo, por la noche, vestidos en el sofá. Lo mismo vale para los nudos complicados, las bridas, el bondage con film transparente o materiales desconocidos en general. Si algún día os aventuráis en este terreno, aseguráos de tener unas tijeras a mano para poder soltar rápidamente cuerdas o film en caso de emergencia.

Paso cuatro: Hablar de lo vivido

Hablar tras la sesión sobre lo vivido es tan importante como la conversación previa. ¿Qué os ha gustado, qué no, de qué habríais querido más o menos, qué pensamientos os pasaron por la cabeza y qué impresión tuvisteis de la otra persona en cada situación?

Las conversaciones forman parte del aftercare en el BDSM y ayudan a procesar las intensas impresiones, a conoceros mejor y, sobre esa base, a diseñar las siguientes sesiones. Si ha habido sexo de por medio, el mejor momento para hablar de lo vivido es justo después. Siempre que la experiencia haya sido positiva. Porque la hormona liberada, la oxitocina, refuerza la sensación de conexión, suelta la lengua y nos permite leer mejor las emociones de la otra persona.

Decid abierta y honestamente si algo, o incluso todo el juego, no os ha gustado. Es totalmente correcto si llegáis a la conclusión de que el BDSM no es lo vuestro. Lo que no está bien es hacer algo solo para complacer a la pareja.

Paso cinco: Intercambio con otras personas

Si le habéis cogido el gusto y queréis adentraros más en el BDSM, os recomendamos intercambiar experiencias con otras personas. Online, en encuentros informales que tienen lugar varias veces al mes en cualquier ciudad grande, o incluso en fiestas especiales. Ir a estas últimas, por cierto, no obliga a nada. También se puede ir solo a mirar y charlar. O simplemente visitad alguna vez una tienda fetichista. Pero también existen coaches especializados en BDSM que asesoran a parejas o, en general, a principiantes en el BDSM y a personas no tan experimentadas.

Quien se atreve una vez a entablar conversación con la gente, se da cuenta rápidamente de lo grande, abierta y servicial que es la escena BDSM.